El declive empresarial amenaza la estabilidad económica
Alemania, antaño aclamada por su sólido panorama empresarial y su próspera clase media, se enfrenta a una tendencia alarmante: un pronunciado declive de la actividad empresarial. Más de 250,000 empresas corren el riesgo de cerrar para finales de la década debido a la falta de sucesores, según la Cámara de Industria y Comercio Alemana (DIHK). Mientras tanto, el interés por fundar nuevas empresas se encuentra cerca de mínimos históricos, sobre todo entre las generaciones más jóvenes. Muchos emprendedores potenciales consideran que Alemania es cada vez menos atractiva para emprender, alegando la rígida burocracia, los altos costes y la disminución de la confianza en el apoyo político a la empresa privada.
El presidente del DIHK, Peter Adrian, ha instado al gobierno federal a revertir esta tendencia urgentemente. Hizo hincapié en la necesidad de eliminar las barreras al autoempleo y de restablecer la confianza en Alemania como un entorno favorable para las empresas. «Necesitamos personas dispuestas a asumir responsabilidades e invertir en el futuro», declaró Adrian, instando a los responsables políticos a reducir la burocracia y aliviar las cargas fiscales y laborales. La promesa del gobierno de coalición de permitir la constitución de empresas en 24 horas ofrece cierta esperanza, pero las acciones concretas siguen siendo escasas.
Una economía tambaleante en medio de la presión mundial
La creciente vacilación entre los potenciales emprendedores alemanes se produce en un momento en que el panorama económico general también es sombrío. Según el último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Alemania sigue siendo una de las economías industrializadas con peor desempeño. Para 2025, se espera que el PIB de Alemania crezca tan solo un 0.4 %, lo que la sitúa en el tercer puesto entre los más de 50 países analizados; solo se prevé que Noruega y Austria tengan un rendimiento inferior.
Aún más sorprendente es que este crecimiento moderado se produce a pesar de un primer trimestre más fuerte de lo esperado. La OCDE reafirmó su pronóstico de marzo, advirtiendo que el impulso económico general sigue siendo débil. Si bien se prevén mejoras modestas para 2026, con un crecimiento que podría alcanzar el 1.2%, persisten problemas estructurales. El consumo sigue siendo frágil, la inversión está rezagada y las industrias orientadas a la exportación se encuentran bajo presión debido a la escalada de las tensiones comerciales mundiales.
Los cambios de política traen un alivio temporal
Los recientes acontecimientos políticos en Berlín han reducido en cierta medida la incertidumbre de los inversores. La rápida formación de un gobierno y los ajustes a las estrictas normas de deuda alemanas han fomentado un optimismo cauteloso. Se espera que la inversión pública, especialmente en defensa e infraestructura, aumente en los próximos años, lo que podría estimular la lenta economía.
No obstante, los economistas advierten sobre la existencia de factores contrapuestos. El aumento del gasto público, si bien impulsa el consumo, también podría reavivar la inflación. Sumado a la persistente escasez de mano de obra cualificada, esto podría incrementar aún más los costos empresariales y desalentar la expansión. La OCDE recomienda encarecidamente priorizar la contratación de trabajadores cualificados del extranjero para compensar el declive demográfico nacional y mantener la productividad.
Las tensiones comerciales mundiales proyectan una larga sombra
Una amenaza externa significativa para la economía alemana proviene de su dependencia de las exportaciones. Alrededor del 10% de los productos alemanes se venden a Estados Unidos, lo que hace al país particularmente sensible a los cambios en la política comercial estadounidense. Los nuevos aranceles introducidos durante el mandato del expresidente estadounidense Donald Trump ya han sacudido los mercados y aumentado la incertidumbre en las cadenas de suministro globales. Estas tensiones, sumadas al aumento de las políticas proteccionistas a nivel mundial, podrían perjudicar aún más las perspectivas económicas de Alemania.
La OCDE espera que la economía mundial se desacelere al 2.9% de crecimiento tanto en 2025 como en 2026, en comparación con el 3.3% en 2024. Es probable que esta desaceleración global afecte más duramente a las economías con fuertes exportaciones, como Alemania.
Clima y crecimiento: un equilibrio delicado
A pesar de la turbulencia económica, Alemania ha avanzado en la desvinculación del crecimiento de las emisiones. Gracias a los avances en eficiencia energética y a la transición hacia las energías renovables, el país ha logrado crecer económicamente a la vez que reduce de forma constante sus emisiones de carbono. Sin embargo, estos logros son frágiles. La pandemia de COVID-19 y la crisis energética contribuyeron a la reducción de las emisiones, en gran medida debido a la reducción de la actividad industrial, más que a un cambio estructural duradero.
La dependencia de Alemania de los combustibles fósiles sigue repercutiendo en su balance climático. Si la recuperación económica no se acompaña de prácticas energéticas sostenibles, los avances en la reducción de emisiones podrían revertirse. El reto ahora es mantener el progreso climático y, al mismo tiempo, reactivar la confianza empresarial y el crecimiento económico.
Recuperar el espíritu emprendedor es clave para la salud a largo plazo
La confluencia del estancamiento del crecimiento, la incertidumbre del comercio mundial y la desilusión interna con el emprendimiento dibuja un panorama preocupante para el futuro de Alemania. Reactivar la economía requerirá más que un estímulo fiscal: exige un cambio cultural y sistémico. Esto incluye fomentar un entorno nacional donde se apoye a los fundadores de empresas, se forme a los sucesores y se incentive nuevamente la asunción de riesgos en lugar de sancionarla mediante regulaciones.
Adrian argumenta que incorporar el emprendimiento en la formación profesional podría ser crucial. Introducir a los jóvenes en la idea de crear y heredar empresas podría ser la única manera de revertir la actual tendencia a la baja.
Sin medidas audaces y decisivas, Alemania corre el riesgo no sólo de quedarse aún más atrás de sus pares internacionales, sino también de perder el motor que impulsó su milagro económico de posguerra: sus empresarios.
